GASPARÍN MARTÍNEZ BELLO. CAMPEÓN NACIONAL DE PENES

Gasparín Martínez Bello nació perro. Algunos hombres al nacer no nacen perro, sino que se hacen perro al alcanzar la edad laboral. Son los misterios del sindicalismo. Como iba diciendo, Gasparín Martínez Bello nació perro, pero perro transversal; esto es perro sin raza o por mejor decir, con todas ellas.
Esto no puede ser, protestó el secretario del ayuntamiento. Todos los perros tienen una raza. Lo dice el reglamento. No puede ser de otra manera. Mire usted, aquí lo dice: raza, dos puntos. Y una serie de puntos donde se debe poner la raza…
¡Viticultor berciano!, contestó como un rayo Juanín Martínez.
Pero eso no es posible, hombre. Volvió a protestar el secretario municipal. No existe una raza Viticultor berciano.
¿Cómo que no?, rebatió Juanín. ¿No existe una raza labrador?
Pues sí. Ahí tiene usted razón. Pero…
Ni pero ni nada ¿Ha visto usted a un perro labrar la tierra?
No; eso también es verdad. He visto burros, mulas, vacas y bueyes. Incluso he visto algunos humanos. Pero lo que se dice perros…
Pues ya ve usted. Sin labrar la tierra vale el nombre de labradores. Sin embargo Gasparín sí que sabe diferenciar la uva, recolectarla, pisarla, etc.
Bueno. ¡Sea!. Aquí pondremos Viticultor berciano. Me ha convencido usted.
Así, y no de otra manera que usted pueda escuchar, fue como Gasparín Martínez Bello fue bautizado y empadronado en el ayuntamiento de Villadecanes un día de hace ya siete años.
Cuando Gasparín cumplió tres meses su padre, como todos los padres del mundo, lo llevó al colegio para que le desasnaran. La directora del centro -racista y xenófoba- le negó una plaza alegando que el centro era solo para humanos y no para perros aunque tuvieran raza. Juanín Martínez le pidió, que por favor, le hiciera un examen y viera si estaba o no, capacitado para ir a la escuela.
La directora transigió y puso a Gasparín un examen con toda la mala leche del mundo. Conocimiento del medio, flauta travesera, geometría, integrales y derivadas y latín clásico. ¡Casi nada para la feria!. Gasparín dio el do de pecho y salió adelante con una nota destacadísima.
Si no lo veo, no lo creo; decía la directora. Mire usted, tenía razón. Pero siento decirle que Gasparín no encajaría en esta escuela. Tiene demasiados conocimientos para su edad.
Juanín agradeció a la directora su disposición y se marchó más ufano que un lirio. Llevó a Gaspar hasta el instituto donde le inscribió, llegando a sacar el título de bachiller en tan solo seis meses. Los otros seis los fundió en una beca Erasmus que le llevó por todo el norte de Europa.
¡Que tío, el Gasparín!, decía su padre lleno de orgullo. ¡Aprende, Laurita!. Tu tienes que llegar aún más lejos, le decía a su nieta.
Pero Gasparín no quería estudiar más. A Gasparín lo que de verdad le apetecía era el control del medio; el apatrullamiento de las calles desde el todo terreno de su padre. Eso y la viña, donde recorría todas sus fronteras a trote cochinero.
Gaspar pasó los dos siguientes años disfrutando de la viña y aprendiendo todo sobre la viticultura. En dos días se sacó el título de enólogo y, junto a su padre, pusieron una cátedra en la Universidad leonesa.
Pero la vida, extraña y alocada en algunos momentos y cambiante como una nube gallega, reservaba para Gasparín un papel estelar que, de no haber sido por la negativa de su madre, pudiera haber concluido en Hollywood o en cualquier puticlub de carretera.
Efectivamente. Gasparín fue desarrollando, con el paso del tiempo, un extraordinario y descomunal pene que hacía que el perro pareciera de cinco patas en lugar de las cuatro que tenía.
El padre, pese a los consejos de su esposa, no pudo sustraerse a los cantos de sirena de la fama y de la televisión. Cientos de periódicos, radios, revistas elevadas de tono y algún que otro canal temático de la televisión de pago acudieron hasta Villadecanes para ver la que llamaron “Antena de El Bierzo”.
El padre le apuntó a un concurso de penes que se organizó en la comarca y que Gaspar ganó, como se suele decir, sin bajarse del autobús. Enseguida empezó el runrún de la gente y algunos negocios pidieron esponsorizar al perro. Su padre no lo consentía para evitar que, el día de mañana, Gasparín tuviera una comportamiento de divismo. ¡A mi no me va a salir otro Ronaldo!, solía decir Juanín con mucho fundamento. Se apuntó al concurso provincial y, pese a que en este ya había bastante buen nivel, Gasparín volvió a barrer. Había que acudir ya al autonómico. Aquí sí que Juanín aceptó la esponsorización y eligió al karaoke APTC y desechó varios clubes de carretera para evitar que, en el concurso, pudieran decir que las erecciones eran producto de ayudas externas.
Llegó el día señalado y Gaspar ganó el campeonato autonómico por encima de otros perros de mayor enjundia. Esto hizo que algunas entidades llamaran a las puertas de los padres para ofrecer empleo a Gasparín. Juan, como no podía ser menos, se decidió por la oferta que el Real Madrid Club de Fútbol le hizo para fichar a Gaspar como entrenador particular del jugador Pepe. Mourinho puso toda la carne en el asador ya que estaba convencido de que Pepe se estaba convirtiendo en un blando y necesitaba un revulsivo. Gaspar se trasladó a vivir a Madrid, más concretamente en Valdebebas donde tenía un chalet con casa de humanos y todo.
La UEFA designó, ese año, a Gasparín, junto a Messi y Cristiano Ronaldo para la Bota de Oro. Gasparín no pudo acudir pues ese día se celebraba el Campeonato Nacional de Pene en la ciudad de Oviedo. Se presentó Gaspar en la final sin ningún tipo de problemas. Más ahí le esperaba otro perro que había llegado, también, a la final de forma meteórica. El otro perro se llamaba Fifí y era algo amariconado aunque, al parecer, estaba bien dotado. Venía de la localidad manchega de Los Yébenes, en Toledo.
Juanín y sus masajistas hicieron todo lo que pudieron pero Gasparín perdió de forma irremediable. Fifí ganó pese a dar una talla de 15 centímetros en descansen y 40 en presenten armas. Gasparín por su parte ganó en descansen por seis centímetros, pero perdió en presenten por tres. El título, pues, recayó en Fifí.
La vida, como decíamos antes, extraña y alocada en algunos momentos y cambiante como una nube gallega, tenía una última satisfacción para Gasparín.
Gracias a una filtración pudo demostrarse que el perro Fifí recibía, desde Los Yebenes y por vía telefónica, un video de una señora masturbándose. Los jueces de la competición decidieron que este acto podía constituirse en un doping por vía telefónica y decidieron desclasificar a Fifí y darle el premio a Gasparín.
La celebración del título fue, como no podía ser menos, en el karaoke ATPC donde Juanín, el padre, dedicó toda la actuación a Gasparín, un hijo que le salió perro de raza Viticultor berciano y que, tras matricularse con nota en el colegio, el instituto y la universidad se dedicó a entrenar en el Real Madrid y ganó, uno tras otros, todos los campeonatos de pene a los que se presentó.
Así, y no de otra manera, es como Gaspar Martínez Bello, consiguió fama y fortuna. Si alguien le dice otra cosa, no la crea; no es así.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s